martes, 14 de septiembre de 2010


 

              
 

Seguimiento de Pura


   "Pura forma, o mejor, conforma un todo lleno de vacío. Esbelta y maciza a un tiempo. Sus dos pezones son único faro en mi par(mi único par, ay¡), de pupilas que no encienden con chispa suficiente el fragor de mis brazos anhelantes. Y empapado entonces me adormezco. Y en el sueño me extravío...y la encuentro. Entonces, justo entonces es que doy con ella: Me sonríe para invitarme al calor de un tenue fuego. Me aproximo. Tengo frío y cada vez mas frío...

  "Pura se conforma de un vacío lleno de todo. Su forma maciza por el tiempo, esbelta aún en mis dos pupilas adormecidas, soporta el escrutinio manual a expensas de mis languidecientes brazos, que me ahogan en su húmeda tibieza, para no germinar mas que en el último estertor de un sueño anunciado, al que guíado por un foco de oscuridad manifiesta, me dejo arrastrar tenue e inexorable... "¿por qué te llamás Pura?"

  "Forma no es Pura, pero se embebe de todos sus atributos, para formarse mejor, esto es, menos. Y ahora es cuando no es mas que forma, claro. ¿Pero y yo? ¿Hasta dónde?


     Entonces él le dijo: "Pura, desde que nuestro matrimonio...desde que nosotros... bah¡¡ No se. 
 Desde hace un tiempo todo se demora y mora y mora. Y se me corrompen las formas mas sólidas. Y se resquebraja el hormigón, al calor del incesante hacer de una termita broccolianna o colifloresca. Y estoy indigesto....ya lo sabés, pero el punto es...es...

  _ ¡¡¡¡El punto!!! ¿Qué punto?  ¿Vos...?  Se "te" corrompe una forma solida. Que querés decir que soy yo, (espero),y me lo decís a mi.¿ Pero es que el sinsentido no es todo mío? Porque si vos....


  _No. No sos vos...¡¡Si que sos!! pero no estas sola. ¿Me entendés? Tenés fantasmas y angeles numinosos con los que no podés no acordar.(Y yo no olvidar) Y ellos te dictan: "Hierve coliflor" o "Mañana al despertar habrá un broccoli sin par en el tercer cajón a la izquierda, en la verdulería de Valentín Gomez..."  y allí vas. Derecho al tercer cajón, o a donde corresponda. Y si por una rara casualidad mis angeles protectores me sacian de improviso, y entonces no tengo hambre, y consecuente no como tu infernal preparado.  Pues bien, eso no me librará de sus efluvios, los cuales habrás de insuflar silenciosa, pero eficaz, al amparo de la tiniebla nocturna y al calor de frazadas y sabanas pestilentes. Si, el método Pneumático. Probablemente el mas eficaz, ya que todo lo que ahora digo, no deja de ser parte de un sistema habilmente infiltrado por numenes entre gaseosos y etéreos que conspiran con vos. Y si en tal trance mis ángeles protectores me privaran de la respiración, o bien moriría para ser protegido(vease cual es el potencial peligro ecarnado por vos, Pura), o se exigiría de ellos un milagro de jerarquía mayor, que evidentemente me imposibilitaría, si fuera digno de tal, ser a un tiempo destinatario de un afecto tan querido, y necesitado por mí, como el tuyo"


           "La fórmula algebraica de la razón en la locura" (para que la locura, de tan coherente y persistente en sí, no se torne una forma más, tal vez curiosa; risible o patética, de la cordura).  Novela reversible, pero toda vez que se alcance cierta pericia en el manejo de los términos de la fórmula. No cualquiera la pericia: (sino) Cierta.

  ¿En defensa de algún  patrón romántico repartiendo heredades?; ¿O títulos nobiliarios de cualquier especie?; ¿O prohijando alguna clase de dualismo pseudo- maniqueo? No. No por lo menos entre los dos términos: Locura y Cordura.
  

   Como toda novela, ésta, debe comenzar por el título. Salvo que me ocurriera originar una novela sin título. Por suerte me encuentro libre de tan innovadora (u original) forma de  no- ocurrencia. De tal modo que lo que ocurre es, que por ahora, hay un título novelesco, pero sin novela. Esto que ocurre, se dirá, es tal vez la inversión de una forma de no ocurrencia: La novela sin titulo; y su inversión: esto: el título sin novela.

                                       Fin del epílogo.


                                    (no teatralizar).            

    
   Yo:-" El tempranamente destetado, yo, vengo a hacer cuestión en estos lares, de vuestras ubres magnificentes. Y no por el interés. El de mi propio alimento. ¡No!.... Se me otorga en esta lid, la posible  completud de una misión ( de ningún modo una micción, o una succión), largamente antedatada.  Y no es fruición, ni fricción, el fín de esta embajada.
  

Método científico.


   Episodio esclarecedor:

  En 1974 en Buenos Aires, no sé en que mes, llovía sin parar desde hacía 5 o 6 días. Un chico de 4 años, que vivía en un departamento en planta baja, en la calle Charcas, se hastiaba al parecer por el encierro que la persistente lluvia imponía a sus días. Creo que ese chico era yo. La sensación era de frustración, de impotencia manifiesta, y hacía de las circunstancias meteorológicas, un  cataclismo opresor, un gran caos. El fin del mundo, o "El diluvio universal". Una especie pre-bíblica de diluvio, se entiende. Se entiende que aquí, la imagen de la experiencia precedió al relato de la misma.
 En aquel departamento había dos patios. Uno mas interior, una especie de balcón, planeado para volver mas tolerable la vida en un cajón, que proporcionaba a los habitantes,mas que la vista de un "exterior", una sensación vaga y nebulosa de otredad. El otro patio era mas claramente un lugar no-interno. Se veían otras construcciones, llegaban hasta él ruidos de motores, gritos de transeúntes, y regiones mas amplias de cielo. El caso en aquellos días de 1974, es que este segundo patio era un lugar vedado por diversas razones entre sanitarias y domésticas. 
  Me hartaron al poco tiempo de iniciado el cautiverio, los juegos de interior, las rutinas diarias. Me entretenía en enfocar la  propia atención tratando de no llamar la de otros. Nuevos juegos. Estoy seguro de haberme hecho el dormido muchisimas veces en esos días. Miraba el ir y venir de los actores principales de la vida en casa. Sufría indeciblemente cuando me hacían objeto de su atención. Yo buscaba no ser notado, un momento amplio para ejecutar mi evasión hacia el patio de afuera. Mi práctica engañosa empezó a transformarme. Comencé a sentir una ansiedad manifiesta por observar qué hacían, o mejor dicho la manera de su desenvolverse en la consecución de sus diversos objetivos: El ir y venir apurado de la señora que limpiaba, su tácita complicidad conmigo para ignorarnos...hasta que había que preparar la comida, y después lograr que yo la ingiriera. Pero por suerte contaba con un aliado inestimable. Uno de esos factores estratégicos, que son la bendición para un guerrero: Mi hermana.
  Su sóla presencia, además de su condición de hermana menor, me facilitó la consecución de una imagen afantasmada, secundaria. La de alguien que podía valerse por sí mismo algo más que la pequeña criatura. La recién llegada, de la que se sabía mucho menos, pero que se hacía notar a cada rato,y era objeto de todo tipo de atenciones que yo iba perdiendo proporcionalmente.
  Lo que unas semanas antes me desvelaba, y consideraba un infortunio, comenzó poco a poco, en esos días de diluvio, a constituir mi mayor ventaja. 
  El patio grande estaba cerrado. Con llave. Desestimé buscarla. En la cocina, mi hermana era premiada cada vez que el contenido de alguna cuchara desaparecía en sus fauces. Con algunas incipientes lagrimas me acerqué a la puerta de vidrio del patio feo, y la entreabrí, como si viera caer el puente sobre el foso de un castillo. El sonido de las gotas en el mosáico del patio me asaltó junto con un aire fresco, una ráfaga. Contuve un impulso de cerrar la pesada puerta. Y miré fijamente hacia las baldosas. El estrépito sonoro de cada gota se multiplicaba por todo el piso del patio. Era casi de noche, lo recuerdo porque las luces de algún estático farol se reflejaban en las brillantes, y líquidas baldosas. Las gotas adquirían sobre la superficie iluminada, un carácter activo, parecían entidades vivas, soldados de un ejército sorprendidos por mi, en pleno fragor de una batalla, o prófugos desesperados, interminables. Entonces me acordé, de que mi mamá me había contado un cuento, pocos días atrás, mientras mirábamos a través del vidrio de esa misma puerta. El cuento de los enanitos encerrados en cada gota. 
  No me acuerdo de mas cosas hasta unos años depués.